UN CAFÉ ENTRE DOULAS

Por qué una mujer necesita una doula en el posparto

Sí, ya sé que el título es controvertido porque también un hombre necesita una doula en el posparto, pero ese será el título de otra entrada.
Vamos a hablar de una madre imaginaria ¿vale?, una mujer muy preparada (teóricamente) para la maternidad, formada académicamente, leída y con muchos deseos de ser madre. Vamos a llamarla Lupe.

Bien, pues Lupe tuvo a su hija, una niña preciosa de casi 4 kg, un precioso día de marzo, tras un precioso (aunque bastante duro) parto. Y Lupe llegó a su preciosa casa, con su precioso marido pero… más pronto que tarde se dió cuenta de que no se sentía tan preciosa-mente bien.
La verdad es que no contaba con que se iba a sentir agobiada con esta pequeñita necesitándola las 24 horas (literalmente), ni con un cuerpo tan cansado y magullado.

Lupe siente cLupe siente cosas nuevas y no siempre agradables y enseguida se da cuenta de que no está bien decir que a veces le daría la niña a alguien que viniera a la puerta, porque cuando se lo dice a su madre (hasta ahora la persona en la que más confiaba en el mundo) esta le dice que le dan ganas de darle una bofetada.
Lupe no entiende cómo pueden convivir los sentimientos del amor que siente cuando mira a su bebé, con la tristeza más absoluta.
Ni cómo se siente la mujer más poderosa del mundo cuando ve salir leche de sus tetas, y a la vez llora temerosa cuando su pareja le cura los puntos, aunque no le haga ningún daño.

¿A quién le cuenta Lupe que se agarra a su marido llorando para que no se vaya y que no la deje sola el primer día que vuelve a trabajar? (cuando parió Lupe, la pareja solamente contaba con una semana de permiso).

Se supone que es la madre de esa bebé y tiene que poder sola, ¿no? Pues no, le da miedo bañar sola a la bebé o coger sola el autobús con el cochecito, se vuelve a casa cuando llueve y no se atreve a lavarse el pelo por si llora la pequeña y no se lo ha aclarado todavía (aunque se le saltan las lágrimas cuando consigue lavárselo porque se le cae un montón).

Así van pasando los días, a Lupe la matrona le dice que los puntos están bien, la pediatra que la bebé coge peso, su pareja la cuida, su madre le trae comida, sus amigas y amigos son un encanto, siente que no se puede quejar, pero ¿ por qué no se puede quejar ? ¿por qué no puede expresar cómo está emocionalmente, sus dudas, sus contradicciones, sus miedos, sin que nadie la juzgue o se asuste? pues porque no sabe a quién recurrir.
Lupe necesita poder hablar con alguien que haya pasado por lo mismo, que la escuche, pero sin juzgar, que la entienda y le haga ver que todo lo que le está pasando es completamente esperable y que puede estar tranquila porque cuenta con su apoyo para lo que necesite.

Lupe, al igual que tantas madres, hubieran necesitado contar con el acompañamiento de una doula. Esto hubiera hecho esas primeras semanas más llevaderas y menos duras, y hubiera podido disfrutar más de esa preciosa bebé, sabiendo que todo estaba bien, y que no estaba sola. Os puedo asegurar que si Lupe supiera lo que sabe ahora, en su casa habría habido una doula.

Un fuerte abrazo. Martina.

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